Según cuentan los abuelos que en tiempos lejanos, vivían en el pueblo de Challawilque dos hermosas doncellas, las cuales compartían la misma vivienda. Las jóvenes llevaban una vida normal, dedicándose al pastoreo de corderos y llamos.

Atraído por las niñas, un apuesto joven de otro pueblo llegaba a visitarla todas las noches, traía consigo una bandola a la cual diestramente tocaba mágicas melodías que encantaban a las muchachas. Estas impacientes esperaban la llegada de la noche para ver de nuevo a su "Visitante".

Una noche las doncellas le tenían un regalo, una hermosa faja multicolor tejida por ellas. El joven se la colocó y desde esa vez, llegaba siempre con su bandola y su faja, a dedicarles su música.

Pronto corrieron rumores en el pueblo que al "Visitante" nocturno jamás lo habían visto, ni tampoco tenían antecedentes de otro pueblo que habitara.

A las jóvenes les quedó la duda y queriendo saber la verdad, a la noche siguiente le prepararon un brebaje que lo dejó profundamente dormido.

Al despertar el alba y al recortarse los cerros cordilleranos con la claridad del sol, despertó sobresaltado, al verse encerrado, atacó a las jóvenes con mordiscos y rasguños, destrancó la puerta y huyó.

Al salir las niñas vieron a lo lejos a un zorro que corría velozmente, un poco más allá de la puerta, un hueso de la paleta de llamo (la bandola), encima de éste, la faja multicolor.

Y cuentan que desde esa vez nunca más vieron al "Visitante".

Autor:  Neftalí Egaña Tapia, 
Profesor de Castellano, Escuela "D" Nº 66 de Cariquima
Publicado en "El Cordillerano", Diario Escolar, Cariquima
Año 1. Nº 2. Noviembre de 1988, p.5
 
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