Hacia el siglo XIX, un ciudadano francés llegó a la quebrada de Camiña. En este lugar compró vastos territorios, convirtiéndolos en una gran hacienda cuya extensión cubría gran parte de la región baja de la quebrada. 

Este extranjero contrató un gran número de trabajadores, los cuales se preocupaban de las cosechas y las extensas tierras. Los malos tratos y abusos no tardaron en llegar, obligados a trabajar de sol a sol y en algunas ocasiones, encerrados en un calabozo con apenas pan y agua.

Con el tiempo, los territorios de la haciencia pasaron a constituir el pueblo de Francia, cuyo nombre tendría origen en los tiempos en que este extranjero fue dueño de esas tierras y dominó a su gente.

La leyenda cuenta que donde está la casa de un distinguido vecino del lugar, estaba ubicado el calabozo. Dicen que cuando se pasa por allí en noche de luna, aún se escuchan los lamentos de los trabajadores del francés.

Sin autor, tradición oral.
Publicado en "Desarrollo artístico y cultural de Camiña", p. 23 y 24
Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, 2011.
 
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