Los personajes como Chilenito, que habitaron nuestra geografía urbana, no murieron, desaparecieron. De la noche a la mañana o vice-versa, nos abandonaron. Dejaron de andar por el tramado ciudadano. La locura les robó sus nombres y sus apellidos. Se ganaba la vida repartiendo viandas. Un hábito que que ya no existe en el nuevo Iquique. Fue el primer Delivery, escribió José Ojeda. Y tiene toda la razón. La clave comunicativa era la pregunta: "¿Cuántas Chilenito?" y la respuesta era más que obvia.

Al Chilenito, lo encontré, en una de mis tantas visitas en el Cementerio 1. La solidaridad de los de la Unión Marítima, lo acogió. De los otros, esos tantos y tantas, como Chicote, la Tonta Juana y la Loca de los Gatos, no sabemos nada. Desaparecieron, y este acto de escribir y de acordarnos de sus figuras, es quizás una especie de Misa de ​R​équiem.

ernesto bernal