Quechua. "La multitud acrecía. Sin agitación, pero en cierto comentario y cierta verbosidad que hacían hervir de murmullos el ambiente. Ahora veíase además un grupo de bolivianos. Se habían colocado muy cerca, apoyándose en cuclillas contra el tabique de la pulpería. El quechua de cobre, de ojos oblicuos, lampiño y con el labio y la nariz perlados siempre de gotitas de sudor" (Tamarugal. Eduardo Barrios, 1944: 40).

Queltehue. "-¿Verdad?

-Lo que oyes. Yo no miento nunca. Hay de todo como en botica. Negras, trigueñas, rucias, morenas. Claro que para qué le hablan de rucias al queltehue, cuando ya conocemos las preferencias. ¡Ja ja!

-Con necesidad no hay asco –respondió, sentencioso, Garrido" (Los Pampinos. Luis González Zenteno, 1956: 177).

"Quesos". "Serían las once cuando se dirigió con el viejo a la casa del yodo una mañana. A esa hora entregaba él todos los días sus "quesos" al fichero, quien debía pesar escrupulosamente aquellos bloques cilíndricos de morada pasta y ponerlos en seguida bajo llave dentro de una bóveda contigua" (Tamarugal. Eduardo Barrios, 1944: 86).

Quique. "¿Y a qué se debe esta reunión? –preguntó Saldívar.

-A la controversia que tendrán luego, el curita Adaro con don Elías. ¿No lo sabía?

-No, no sabía nada.

-Lo fue a retar a la misma "Foch". "He leído el folleto que publicó su sinvergüenza, descastado, hereje". Estaba hecho un quique. Y usted sabe la calma que se gasta nuestro compañero. "Las ideas se combaten con ideas y no con insultos", le respondió. Hasta que se desafiaron a discutir públicamente" (Caliche. Luis González Zenteno, 1954: 148).

"Quitapenas". "Algo como el alivio de un suspiro final sosegó a la gente, y la actividad de los impasibles, que habían permanecido a la espera, encontró empleo en la ordenación del funeral. Con otros semblantes, se organizaron las filas, los endomingados recompusieron sus trajes, dos mulas se engancharon al carro y el cortejo partió por la vía férrea, hacia Huara, donde estaban la estación y el cementerio y hallarían paz el difunto y unas copas de "quitapenas" la concurrencia.

Viéndolos alejarse bajo aquel sol que ponía en el desierto un refulgir de ascua, que agrietaba los salares y fundía en sudor los cuerpos, permanecimos algunos minutos.

Luego nos llevó el Hombre a beber, a la sombra del corredor, la cerveza inglesa de la Compañía" (Tamarugal. Eduardo Barrios, 1944: 13).