Sandunga. "En la casa contigua, un piano vertió sus notas cristalinas. Luego una voz de mujer, elevó sus finas agujas.

-Empezó la sandunga! ¡Qué bueno! Esto nos favorece –comentó Floridor.

-¿Quién canta? –preguntó él.

-Espérate… -escuchó con atención-. Parece que es la cabra que te gusta a ti. Sí, ella es –confirmó" (Caliche. Luis González Zenteno, 1954: 124).

Sarmentosos. "Y fue a cerrar la puerta, que el viento batía como sólido velamen. La hubiera dejado abierta, por el que dirán de las gentes. Pero, de haberlo hecho así, no sólo por las ranura hubiera chorreado el agua: la lluvia, impelida por el viento, mojaba ya la entrada con sus dedos gruesos, sarmentosos y a la vez tajantes" (La Luz Viene del Mar. Nicomedes Guzmán, 1963: 76).

Sobándose. "-Eso le ocurre por botarse a niño diablo.

-Así es no más –asintió exhalando un suspiro-. Recién estuvo el niño a dejar un saco con botella y se largó de nuevo. ¡Se ha puesto tan trabajador!

-Hay que tolerarlo. ¡Mientras no haga daño!

-Sí –y se puso de pie con bastante dificultad, sobándose los riñones-. ¡Ave María! –se quejaba con exageradas muecas-. No se le deben cortar las alas. ¿Cómo sabe si resulta un José Campos?

-Puede ser. Encienda fuego, don Patria, ¿quiere?" (Caliche. Luis González Zenteno, 1954: 289).