14. Salitrera Victoria

 

Tradiciones de la pampa se mantienen incólumes

 

La llamada Semana del Salitre culminó ayer con una grandiosa asistencia de antiguos trabajadores de la pampa, junto a sus familias y un buen número de visitantes de otros puntos del globo. La jornada que encabezó la Municipalidad de Pozo Almonte fue calificada de extraordinariamente positiva para la mantención de las tradiciones de la lejana época del “oro blanco”.

Durante el desarrollo de las actividades centrales, hubo conversaciones entre autoridades y representantes de la Corporación Hijos del Salitre, sobre un tema que se analiza y se avanza con los propietarios de las antiguas oficinas: Generar un polo de atracción turística, preservando lo que aún queda en pie, restaurando dependencias, hornos, residencias, oficinas y todo el entorno de cada una de aquellas industrias que generaron riquezas para toda la nación.

Verdaderamente, la sola presencia en las antiguas rutas ferroviarias hacía ver la escasa o tal vez mezquina actitud de algunos entes para generar un indudable atractivo a una vasta área de la Primera Región. Tal vez con un poco de ceder posiciones y aunar criterios, ello pudiera ser factible en el corto tiempo. Todavía queda mucho en pie, por lo que es imprescindible que los propietarios privados se sumen a los denodados esfuerzos de esos viejos salitreros, de sus motivadas esposas e hijos, para reunir recursos y destinarlos, como hasta ahora, a la recuperación de la iglesia de la ex oficina Victoria. La Casa del Pampino, el mejoramiento de los monumentos a esos hombres que dieron todo de sí para arrancar de la tierra las riquezas que harían más grande a la patria. Si año a año unos pocos se desvelan por conseguir el entusiasmo de muchos por preservar un hermoso pero dolido pasado, es justo que esos esfuerzos sean recompensados, no para ellos, sino para las actuales y futuras generaciones.

El paso de la modernidad arrasa con los vestigios de ese pasado. Muchos se han enriquecido con sólo explotar los “desechos” de las salitreras. Se aprecian decenas de kilómetros de tendido ferroviario levantado y convertido en otros productos útiles. Pero también queda la sensación que se ha depredado con un patrimonio que pertenece a la historia, al pasado y a la tradición del norte. No en vano lucharon nuestros antepasados por reivindicar condiciones de trabajo y proteger inversiones. Ni tampoco es en vano el querer legar a nuestros hijos y a sus hijos una parte vital de nuestra historia.

Hace unos días, el propietario de “Santiago Humberstone” planteó sus derechos sobre propiedad privada. Tenía mucha razón en querer preservar su patrimonio. Sin embargo, sintiendo el ansia y el deseo de tantos ex pampinos, llegó a una solución con las autoridades comunales y permitió la realización del acto culminante de la Semana del Salitre. Sumado a los estudios que están generando diversas instancias de la región, no cabe dudas que habrá “humo blanco” en la gran idea de transformar aquellos vestigios de una empresa poderosa en un completo centro de atracción y de preservación de esas jornadas. No hay que olvidar con qué sacrificio trabajaron nuestros compatriotas en cada una de las oficinas, cuánto avanzaron las arcas fiscales con los impuestos, qué cantidad de mano de obra requirieron los visionarios esfuerzos de muchos extranjeros que explotaron el salitre. Fue el mundo sintético el que dejó morir, una a una, esas fuentes laborales.

Ha llegado el instante de pensar seriamente en materializar tantas conversaciones, tantas ideas, tantos trasnoches. Si el salitre murió, ello no es motivo para dejar fenecer también las tradiciones y las derruidas oficinas.
Editorial

La Estrella de Iquique, 21 de noviembre de 1994, página 3