Sublime (1)

 

Sublime

El Puerto Libre de Arica tuvo profundas consecuencias sobre la economía regional. Los iquiqueños en forma directa o indirecta, vivimos ese boom. Se viajaba a la ciudad hermana en busca de la feria Sangra para abastecernos de aquellos que nos hacía falta y de aquello que no. La línea entre lo uno y lo otro, ya lo sabemos, es débil. Gracias al puerto libre conocí la palabra baquelita.

En el Mercado en las calles Sargento Aldea y Barros Arana, los comerciantes se instalaban con sus puestos a ofrecernos productos de la Arica bulliciosa y próspera. Don Jorge Rivera, uno de ellos, desplazaba sobre una mesa un arsenal de bienes apetecidos. Minuciosamente ordenados los dulces nos cautivaban. Uno de ellos el chocolate marca “Sublime”. Otro, el “Bambú”, de allí el sobrenombre al flaco Ortiz, basquetbolista, que estudió en la 6 y que defendió los colores de Eperva y de Iquitados, si no me equivoco.

Bautizar un chocolate con el nombre de “Sublime”, aparte de una redundancia, era un acto poético. Aunque a esa edad nuestra aventura por el diccionario no llegaba a la letra S, bien sabíamos del goce de abrir ese paquete, quebrar la dura barra y en un acto, obviamente sublime, sentirse alojando en las avenidas del paraíso. Tenía además un tamaño que lo hacía fácilmente transportable. Con pequeños trozos de maní, este dulce fabricado por D’onofrio, ha sido parte de la dieta recreativa de todos los nortinos. Decir “Sublime” en el Perú es como decir, chumbeque en Iquique. El éxtasis era mayúsculo cuando se acompañaba de una Inka Kola. Esta bebida y este chocolate han sido devorados por dos trasnacionales.

Aun es posible encontrar cerca del Mercado, tanto en Arica como en Iquique, a pequeños comerciantes que exhiben modestamente esta pieza de chocolate. Aunque con tanta ideología de los alimentos sanos, me temo que el “Sublime” para muchos sea una prohibición. Pero de vez en cuando ajuste cuenta con la infancia y deguste, sin culpa, un pedazo de este manjar made in Perú.

Fuente:
Publicado en La Estrella de Iquique, el 23 de septiembre de 2012