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Artista
1926 - 2011
Iquiqueño 
 

Yo pensaba reír/Y hoy me pongo a llorar/Vanidad

A Antonio Prieto lo tengo asociado a la radio y al cine. Su voz me llegaba a través de las tres radio AM que había en ese entonces en este puerto que en los años 60, ni siquiera imaginaba como crecería y de paso olvidaría a sus hijos predilectos. Pero volvamos al gran Antonio. Buena parte de mi infancia, aquella de pantalones cortos, la pasé imaginando a la Novia, esa mujer que hizo sufrir a Antonio y que su hermano Joaquín la hizo canción, súper venta y emblema de toda una generación.

Le sigue atrás/ Su novia amante

Sabina cuenta que los primeros acordes de guitarra que aprendió fue gracias a esa canción, grabada en no se cuantos idiomas. El cine, nos trajo luego, al cabo de los años su presencia en varias películas. Allí aparecía el iquiqueño que algunos decían era el Dean Martin chileno. Afirmo lo contrario, Dean Martin fue el Antonio Prieto de los Estados Unidos.

 Tu llanto deja ya…/ Olvida esos rumores y cree en mi

Se peinaba, como se decía en esos entonces, a la cachetá. "Tiene pinta de lacho" decían, mientras suspiraban las que son viejas ahora. Por lo mismo cantó con tanta pasión "Son rumores".

Cantó boleros, tangos y siempre se reinventó. De vez en cuando regresaba a la ciudad que lo vio nacer. Supo del cariño de los suyos que se lo manifestaban cantando "Blanca y radiante, se va la novia".

La magia del Google, nos deja en claro quien fue Antonio Prieto. Más de mil búsquedas así los evidencian. Canciones, programas de TV, películas, y un viaje a Guayaquil en compañía de un tal Guevara, que más tarde seria el Che.

Vanidad/ Por tu culpa he perdido…

Bajando de La Tirana, pensaba que calle podría llevar su nombre. Y se me ocurrió que a la calle Juan Martínez, perfectamente se le podría cambiar el nombre. Es la calle que une el norte con el sur, y que sin duda Antonio muchas veces caminó rumbo a la playa. Esa playa que alguna vez se vistió de amargura.

Al bolero de Cantoral, "Reloj" le dio un compás especial. Un lamento, como todo bolero, pidiendo que el tiempo no corra:

Detén el tiempo en tus manos/ Haz de esta noche perpetua

La voz de Antonio Prieto, acaricia con ese tono carrasposo, a veces, claro como mediodía del Iquique de antes. Ahora que no le pudo ganar al reloj, ni tampoco impedir que la muerte lo cubra con su manto, el nuestro, por fin pudo vencer a la canción:

Contigo en la distancia/ Amor mío estoy

Y en ese mundo que no es raro, otros boleros, otros tangos, otras baladas sonaran como siempre; y cuando caliente el sol, su figura elegante, su peinado a la cachetá, su vestón rojo y su sonrisa pícara, volverá a iluminar los cerros y los jardines de este ingrato país y de esta desmemoriada ciudad.

 

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