Políticamente, el territorio incluye la juridisdicción de sólo dos provincias: Iquique y El Tamarugal y ambas provincias incluyen un total de siete comunas. La provincia de Iquique incluye a las comunas de Iquique y Alto Hospicio; mientras que la provincia de El Tamarugal incluye a las comunas rurales de Pozo Almonte, Huara, Camiña, Colchane y Pica.

La capital regional es la ciudad de Iquique, principal centro urbano y motor económico de la zona, donde se ubica el puerto del mismo nombre y la zona franca más importante de Sudamérica.

En total, la población de la región asciende a 328.782 habitantes (INE, Proyecciones 2014) Desde un punto de vista de la jerarquía demográfica, los centros poblados más relevantes de la región, son:

  • Iquique: 164.396 hab.
  • Alto Hospicio: 50.190 hab.
  • Pozo Almonte: 6.384 hab.
  • Pica: 2.642 hab.
  • Huara: 956 hab.

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La población de la Región de Tarapacá se caracteriza por concentrar dos grandes polos urbanos en la zona costera: la ciudad y comuna de Iquique y la ciudad y comuna de Alto Hospicio.

Hacia el interior del territorio regional los habitantes se dispersan, por lo que la densidad regional es de 5,66 habitantes por km². Esta información se debe a que el índice de ruralidad regional (relación de % de población residente en zonas rurales) alcanza sólo un 4.4 y una expresión congruente con este comportamiento demográfico, muestra que sus tasas brutas de natalidad alcanzan 17.6 % y la de mortalidad un 4.1 %.

Social y demográficamente la Región de Tarapacá expresa una poblacional relativamente dinámica. Históricamente, los movimientos demográficos han estado consecuentemente aparejados a los contextos económicos e industriales (guano, salitre, pesca, minería cuprífera y comercio internacional), marcando incrementos y reducciones de sus universos demográficos.

En épocas de bonanza, los incrementos han soportado dinámicos procesos migratorios (internos e internacionales) que han permitido establecer una región con un perfil de identidad multicultural. Asiáticos y europeos iniciaron hace casi dos siglos una impronta migratoria decidora para la historia regional; la misma que se proyecta hasta nuestro días, con flujos de latinos y del vecindario suramericano que registra contemporáneamente comunidades de más de 40 nacionalidades.

La migración interna (desde la mitad del siglo XX) permitió repoblamientos de territorios (por ejemplo, el nacimiento de la ciudad de Alto Hospicio) que son propios de una Región con una economía dinamizada.

La denominada Transición demográfica (disminución de natalidad y mortalidad) se ha expresado de manera heterogénea en la Región. Por un lado, los centros urbanos más dinámicos presentan pirámides demográficas con mayor población infantil y en edad laboral activa.

Por otro lado, los centros rurales se muestran despoblados y con migraciones muy dinámicas –sobre todo de población joven y nativa¬- a la par de experimentar fenómenos poblacionales con transición más avanzada, concentrándose en estos centros, grupos significativos de personas mayores y envejecimiento poblacional manifiesto. En villorrios y pueblos rurales han disminuido sus universos poblacionales con el consecuente envejecimiento demográfico (tasas sobre el 10 % de población de 50 y más años) que alcanza cifras y comportamientos similares al comportamiento nacional.

De igual manera los índices de masculinidad y la presencia de pirámides poblacionales rejuvenecidas no expresan sino la atracción de mano de obra para los mercados laborales regionales más dinámicos.

Se suele afirmar que la Región de Tarapacá ha basado su economía en la extracción de recursos naturales, realidad donde la minería por largos años instaló dicha impronta: guano, salitre, sal y minería no metálica por más de un siglo sostuvieron la economía regional y de alguna manera, también, la nacional.

La pesca a partir de los años 60 del siglo pasado también supuso un impacto trascendente, ya que por un periodo de casi 10 años, aceites y harinas de pescado llegaron a significar entre un 50% y 60 % de la producción nacional. Hoy la pesca industrial significa el mayor aporte al PGB con un 26% e Iquique está signado como el mayor puerto pesquero nacional, donde se desembarca el 35 % del total de la pesca chilena (anchoveta y jurel); y en su puerto operan más de 170 barcos pesqueros. La industria manufacturera representa el 5 % del PGB y su mayor aporte está en astilleros y maestranzas que sirven a la industria y flota pesquera.

La ZOFRI (Zona Franca) es el principal pulmón comercial de la región, permitiendo un fluido paso de países del centro de Suramérica (Perú y Bolivia) hacia Brasil y proyectado hacia la cuenca del pacífico. Se estima que su aporte al PGB alcanza cifras sobre el 40 % de la economía regional. A esta realidad se suma la red de servicios y los aportes que en su conjunto significan al sector terciario.

La minería cuprífera, sin embargo, se muestra como la actividad más inclusiva de mano de obra en sus principales centros mineros (Quebrada Blanca y Collahuasi) e incluso a ella se suman los aportes de la minería no metálica (cloruro de sodio) que moviliza más de 6 millones de toneladas anuales.

Finalmente se destacan también en la actividad terciaria, los aportes de la actividad turística, sostenidas a partir de ventajas comparativas que aún están en proceso de desarrollo (clima, paisajes naturales, patrimonio cultural, contrastes de pisos ecológicos, etc.). Aún así, el rubro hotelería, restaurantes y comercio representan un 30.7% del PIB.

Es en torno a estas actividades económicas que se sustenta una imagen de región contemporáneamente próspera y que instala significativos esfuerzos para permitir sustentabilidad y una proyección viable de desarrollo.

Sus tasas de desempleo son relativamente mejores que las de varias regiones del país y bordean en cifras del 3 y 5%; en coyunturas normales incluso se destaca el pleno empleo que incorpora su aparato productivo.