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El mes que concentra los emblemas más fuertes de nuestra identidad como pueblo.

Más que ser el mes número nueve de nuestro calendario, y contar con exactos treinta días, septiembre es para los chilenos el más complejo de todos. Decir complejo, incluso, puede ser una forma liviana de referirse al mes donde la primavera avisa su presencia a partir del día 21.

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Septiembre concentra los emblemas más fuerte con la cual se han construidos buena parta de nuestra identidad como pueblo. Aún cuando, para los nortinos, el mes de la patria parece tener su cuna en el el llamado Chile Central, sus aires,  vía un fuerte proceso de chilenización, han terminado por hacernos ver cosas realmente sorprendente como un huaso, hecho y derecho, bailando cueca sobre la más rebelde de  las chuscas. Una china, con delantal floreado,  cociendo papas, bajo un tamarugo que no entiende muy bien de que se trata. En fin…

Pero, el Chile del siglo veinte, y sobre todo de su segunda mitad, parece haber radicado su historia,  en los primeros quince días de este mes de los volantines. El ejercicio de la democracia, expresados en el ritual -importante por lo mismo- de asistir a las urnas a elegir al Primer Mandatario, halló en el 4 de septiembre su mejor día. De esta manera, electo el Primer Mandatario,  la propaganda una vez finalizada y alzado los brazos del nuevo presidente, la cueca irrumpía con sus clásicos acordes. El 18, el cumpleaños de Chile, y el 19 el festejo de las Fuerzas Armadas, cerraban el calendario de la religión civil y democrática. La Parada Militar era majestuosa, era el suceso en que los civiles nos cohesionábamos frente a nuestro Ejército. Hasta allí, la vida seguía igual.

No obstante, el año 70, la voluntad popular habría de modificar el normal curso de la historia.Salvador Allende levantaba sus brazos triunfante y el fantasma/realidad del socialismo le quitaba el sueño a muchos. Tres años más tarde una mañana del once, en el mismo lugar donde la democracia acunaba a sus elegidos, las bombas destruían las urnas,  donde el pueblo había depositado sus sueños.

Ya nunca más, Septiembre habría de ser igual. Por más que se inventen días de la reconciliación, una herida profunda nos divide. Entre el 4 y el 11 no sólo median tres años, sino que habitan sueños y pesadillas que asumen el rostro de los detenidos desaparecidos.

Y como la vida nunca deja de sorprendernos, el ataque al corazón económico y militar de los Estados Unidos, el martes 11 de septiembre, contribuye a hacer de este mes, algo más que la suma de sus semanas.

Septiembre ya no es, ni será el mismo. Sigue siendo el mes de los volantines, de esa infancia que insiste en ponerle alas a sus sueños. Sigue siendo el mes donde la primavera pone de verde a la naturaleza. Pero, en casa, en muchas casas, ésta aún no llega.

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