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AM/FM

Las tres radios que cubrían el dial iquiqueño en los años 60 ya no están

La Esmeralda, la Lynch y el Salitre, lograron animar buena parte de la vida social del puerto-caleta que luchaba, entre otras tantas cosas, por instalar la industria de cenizas de soda. La primera despareció el mismo 11 de septiembre de 1973, y se transformó en Centinelas del Norte, una emisora administrada por los militares de la época. Las dos restantes, empezaron a jugar los descuentos. La década de los 80, la del boom Zofri, aparte de invadirnos de autos japoneses, chaquetas de cueros y saca cuscos de aceitunas, sirvió para descubrir el sonido de la radio F.M.

Son los años en que radio Mundial y La Tirana se apoderan del dial. Fue el tiempo en que las voces de Dennis Lillo y Gonzalo Jiménez, entre otros, nos integran al mundo de la frecuencia modulada. Ya no es la voz familiar de Andrés Daniels quien además tuvo que partir al exilio, ni la de Leslie Omar Díaz ni de su hermana Gilda, la que nos animan el almanaque con sus timbres de voz, reconocibles y nuestras. Otra estética reaparece ahora. Mundial y La Tirana, son sin embargo, emisoras de tránsito, que sin saberlo, y menos aún quererlo, preparan el camino, para que en los 90, el dial local ya no fuera nunca más el mismo. Ambas, dan cabida a lo nuestro pero con un sonido radicalmente distinto. Escuchar a Los Bee Gees ya nunca fue lo mismo. Otros ingenieros de sonidos, administran la consola. Los del mundo de la Am tendrían que reciclarse o morir. Algunos como Leonel Cortés, Raúl Rodríguez, José Enrique Toro, entre muchos otros, logran adaptarse. El dial de la FM, nos permite además conocer otras voces, la de Antonio Sabat que entre otras peripecias, logra batir el récord mundial de locución. Hoy está en otras marcas.

Hacer radio en estos tiempo, al igual que otras cosas, es bastante difícil. Las trasnacionales se han apoderado de buena parte del dial, y logran, gracias a la tecnología, transgredir ciertas normas básicas de la radiotelefonía. Aquellas, por ejemplo, que confunden Santiago con Iquique, y creen que el incendio de la calle Pío Nono, va a movilizar a los bomberos nuestros.

Sin embargo, hay un conjunto de radios frecuencia modulada, que logran insertarse con éxito en nuestra memoria. Son aquellas que creen en lo local y en el servicio público, que transmiten eventos como partidos de fútbol, que entrevistan en vivo, y que cada día a las 12 tocan el himno a Iquique.

En esas emisoras se ha reencantado el viejo ánimo de la Esmeralda, la Lynch y el Salitre y de las otras que las antecedieron, como la radio Tarapacá, por ejemplo. En sus programas, y al cerrar los ojos, uno puede volver a encontrarse con la voz de Jaime Fuster, Raúl Escudero, Yerko Elgueta o del gran animador de las mañanas iquiqueñas, el “Negro” Raúl Ossandón.

Son estas emisoras, las que nos dan un sábado entero por la mañana, para que la Universidad pueda opinar sobre este mundo y el otro, las que nos ayudan a entender la importancia de contar con medios de comunicación que se alimenten de nuestra identidad cultural, y de paso nos ayuden a que nos sintamos en Iquique, como nos sentimos en casa.