Migrantes 1

Festival de Colectividades Extranjeras. Fotografía extraída de Chileagenda.cl

Todos somos migrantes

La historia de Tarapacá no se puede entender sin las migraciones. Desde hace 10 mil años antes de Cristo, los cazadores y recolectores recorrían el amplio territorio andino que comprendían la costa, el desierto, las quebradas y el altiplano. Los Chinchorros fueron los primeros y los más conocidos. Recogían frutos de la tierra, del mar, cazaron animales, fabricaron piezas como anzuelos para la pesca, etc. No existían las fronteras tal como las conocemos hoy, pero sin duda que las habían, pero ese no era un impedimento para generar intercambios.

La Conquista y luego la Colonia significó el encuentro violento entre dos mundos. Los conquistadores portando la cruz y la espada motivados por encontrar la riqueza en forma de minerales, destruyeron todo a su paso. De este encuentro, se forma el mestizaje que aún se advierte. Españoles e indígenas convivieron no exentos de violencia y de conflictos, pero produjeron, un gran sincretismo que se vive en forma cotidiana: comidas, fiestas religiosas, etc. La fiesta de La Tirana es un gran ejemplo. La leyenda que dice que un portugués Vasco de Almeyda se enamora de la Ñusta es el primer encuentro entre dos culturas. Ambos son asesinados, pero sus muertes da origen a las más grandes de la fiesta religiosas de Chile.

El ahora llamado Norte Grande, antes sur peruano, con la explotación del guano conoció las migraciones. Esta vez la de los chinos, pero en condiciones que algunos han llamado de semi-esclavitud. El guano, se usó como fertilizante natural y el estado peruano lo exportó a Europa entre otros continentes. Los chinos han dejado sus huellas en Pabellón de Pica que de una u otra manera simboliza ese triste período de la historia regional.

La explotación de la plata en Huantajaya es también otro hito importante en la historia económica de la región. Tanto en el siglo XVI como en el siglo XIX, hombres y mujeres se sintieron atraído por este mineral. Españoles, peruanos e indígenas se dieron cita en este mineral ubicado a 10 km. al este de Iquique.

 

Ciclo salitrero y migraciones

Pisagua migrantesPisagua en tiempos del Salitre. Fotografía extraída de: Vistas de los Antiguos Puertos Salitreros II. Guillermo Burgos C.

La explotación del salitre es sin duda alguna, el gran fenómeno migracional del Norte Grande. Se conforma una región en la que habitan ingleses, españoles, croatas, italianos, chinos, además de peruanos, bolivianos y argentinos. Bajo la forma del enganche llegan del sur del país campesinos a ocuparse en las oficinas salitreras.

La crisis de las salitreras va a significar que las ciudades como Iquique y Arica reciba a los pampinos expulsados de la pampa.

En este período son los chinos y los indios los sujetos de discriminación y de xenofobia. Ambos grupos étnicos representan a un Otro que para el resto de la población les resulta “enigmáticos”, “poco civilizados” y en consecuencia desarrollan contra ellos estrategias de discriminación. No así con el europeo blanco que simboliza el modelo a seguir. En el 1910, la chilenización expulsó a los peruanos tarapaqueños residente en el Norte Grande.

 

La nueva migración

zofri iquiqueZOFRI, Iquique. Fotografía extraída de Chileagenda.cl

Como consecuencia de la instauración de la Zofri el año 1975, lentamente la región se va transformando en un atractivo imán que atrae a población de todo el mundo. Comerciantes hindúes, judíos, chinos entre otros empiezan a poblar el paisaje urbano de la región. Mezquitas en Iquique y otra cerca de La Tirana dan cuenta de este nuevo fenómeno. A ello contribuye la globalización y nuestra ubicación de frontera con Perú y Bolivia. En Iquique se crea el llamado barrio boliviano, que más que un barrio es una placa de servicios. A este imán de la Zofri se le suma el nuevo boom minero, esta vez del cobre que se desarrolla en las quebradas y altiplano.

No obstante, una nueva migración se instala en el Norte Grande, población proveniente de Ecuador, Colombia y Haití. Esta vez se trata de un contingente de afro-descendientes. Esta población va a ser objeto de discriminación explícita o latente. Sobre el color de su piel se va instalar un discurso colonialista aprendido, tanto en la escuela como en los medios de comunicación social. Para la población nacional, estos extranjeros serán una especie de chivo expiatorio. A ellos se le atribuirá todos los males de la sociedad: desigualdad, delincuencia, prostitución, etc.

Se advierte entonces un déficit de democracia en el tratamiento que realizamos de los migrantes. Y con ello ignoramos la tremenda hospitalidad que gozaron los chilenos en el extranjero a raíz del golpe de Estado de 1973. Se ignora además que más que extranjeros, son personas dotadas de una dignidad que no admite discusión.

 

De la asimilación a la multiculturalidad

A diferencia de la migración que aconteció en el ciclo salitrero, y que se fue asimilando, la de hoy tiene nuevos retos. Y este tiene que ver con la idea de que el Norte Grande es una región multicultural. Esto implica que todas las culturas deben interactuar entre sí, respetando sus identidades. De esas interacciones basado en el respeto, se producirá, sin duda alguna, un nuevo ethos cultural, tal como aconteció en el pasado.