Tarapacá

Luchando con los rudos
i cálidos desiertos,
de sed i de hambre muertos,
heridos por el sol,
perdidos en oleajes
de fuego, denodados
avanzan mis soldados
siguiendo un tricolor.

¿A dónde van? ¿Qué buscan
revueltos en la arena?
¿Qué móvil los condena
al yugo de ese afan?
¿De qué naturaleza
son todas esas jentes?
¿Son dioses prepotentes
o abortos de Satán?

Soldados son de Chile
que buscan dando ejemplo
de abnegación, el templo
que dá vida inmortal,
son héroes invencibles
que marchan a la gloria
llevando en la memoria
el triunfo de Yungai.
¡Miras! Del sol de fuego
los rayos atrevidos
en cobres renegridos
sus frentes convirtió;

talvez ya van tomando
sus tallas envidiables
de bronces memorables
la forma y i color!

¿Sabéis cual es el agua
que un tanto los reanima?
Con ansia que lastima
se chupa cada cual
las venas que se rompen
sin miedo i sin estorbos
con los brillantes corvos
que al cholo hace temblar.

Mirad! A la vanguardia
se vé a los Granaderos,
i vá de esos guerreros
el dos de línea en pos,
soberbio regimiento
de justa y digna fama,
rival del Atacama
en gloria i en valor.

Salud, nobles soldados
de Chile defensores
brillantes Zapadores.
Salud i triunfo andaz,
la patria bendecida
a tierras mui remotas
os llama con las notas
del himno de Yungai.

Ya rujen con estruendos
los bronces de la guerra
ajítase la tierra
con hórrido fragor
i fijos en la estrella
que brilla como un iris
los bravos de Ramírez
pelean con furor.

I corren los momentos
i sigue la jornada
i mas encarnizada
la lid es cada vez.
De sangre mil arroyos
las pampas humedecen
i con su vista crecen
las ansias de vencer.

Prodijios de heroismo
los bravos ejecutan
i a palmo se disputan
el campo del honor.
El claro del que cae
lo cubre en el instante
con ánimo arrogante
el que le sigue en pos.

El humo de la pólvora
como crespón de suelo
sombreando vá del cielo
la bella claridad.
Más, ¡ai! ¿porqué el chileno
sus fuegos debilita?
¿Porqué? ¡Suerte maldita!
el rifle está de más!

El Gras es arma unútil,
inútil a los cañones,
les faltan municiones,
sin ellas, ¿quién venció?

Por eso los aliados
con odios miserables
nos diezman implacables
la brava división!

Ramírez que ya herido
se ve; agonizando,
con voz siempre vibrante
i enérjico ademán:
"¡Muchachos, carga a muerte!"
les dice a sus cornetas
i corvo y bayoneta
se vieron reflejar.

Suspensos los aliados
i atónitos se paran
cuál si a sus piés mirarán
abismo aterrador.
I diz que los peruanos
al ver brillar los corvos
salvando mil estorbos
huyeron con pavor.

Pero notando luego
que los chilenos eran
escasos, los esperan
con intranquilo pié,
i sobre el débil resto
que denonado avanza
las balas de la alianza
comienzan a llover.

Chilenos, la prudencia
cuál fiel i noble amiga
retroceder obliga,
diciendo que por hoy
Tarapacá es Rancagua
en gloria y en heroísmo,
en májico civismo
en rasgos de valor.

Por tanto a los aliados
dejad breves instantes,
dejádlos que anhelantes
se gocen en quemar.
A todos los heridos
de diferentes sexos,
al tigre en sus excesos
dejádlo disfrutar.

Dejádlos que mutilen
de mil y mil maneras
a vuestras cantineras.
Dejad que a su placer
por unas cuantas horas
se crean vencedores,
dejad que a los albores
mañana os vengaréis...

...................

Ya lucen sobre el Ande
los rayos de la aurora,
¡Chilenos, sonó la hora,
venganza y a luchar!
¿Con quién? Ya los aliados
cedieron temerosos
el pueblo que afanoso
queríais conquistar.

¿De quién es entre tanto
la palma i la victoria?
Si el cholo canta gloria
¿En dónde se levé?
Pasaron los delirios
de las ardientes fiebres
i como tristes liebres
hecharon a correr.

De raza maldecida
imbéciles soldados,
cual buitres espantados
cumplís vuestro deber,
tenéis la valentía
en piernas y talones,
brillantes batallones,
corred, i mas corred.

Ejército menguado
de pobres mentecatos,
¡Cuán breves son los ratos
que gozas de placer!
¿De qué, de qué te sirven
tus águilas i leones,
si el roto tus pendones
humilla por do quier?

Honor a dos de línea
i al Chacabuco gloria,
orgullo de la historia
sus héroes serán,
i grabará en sus pájinas
por siempre memorables
los nombres venerables
que dio Tarapacá.

 

Autor: Rosendo Carrasco
Tomado de Revista Chilena, Santiago
Imprenta de la República.
Jacinto Núñez, editor.
1880.

 

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